El Cabildo de Gran Canaria otorga al puente del Rincón el nombre de Julio Molo Zabaleta por impulsar la renovación de la red viaria

18 nov 2015

El Cabildo de Gran Canaria ha otorgado el nombre de Julio Molo Zabaleta al puente del Rincón para homenajear a este ingeniero de caminos por su fructífera trayectoria en beneficio del interés general y del desarrollo de la red viaria de la Isla, donde hoy se descubrió la placa en un emotivo acto colmado de sus enseñanzas.

Julio Molo fue jefe de Carreteras del Gobierno regional hasta su jubilación en 2011 y tuvo un papel esencial en las gestiones que dieron lugar al primer convenio que se firmó con el Ministerio de Fomento hace 18 años, base de la modernización de la red viaria del archipiélago y que desde entonces se renueva periódicamente.

Fallecido a los 71 años en 2012, su figura estuvo detrás de los grandes proyectos de Gran Canaria, desde la Autovía Marítima a la Autopista del Sur, las carreteras del Norte y Centro, y la Circunvalación de Las Palmas de Gran Canaria, por lo que el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, manifestó el agradecimiento de la ciudadanía de la Isla a su labor, un reconocimiento al que se sumaron el resto de las instituciones.

Molo fue  también jefe de Costas y Puertos de Las Palmas, desde donde impulsó la ordenación de la Playa de Las Cantera, entre otras. En 2005 obtuvo la Medalla de Honor de la Carretera por su dedicación en la elaboración y seguimiento de los convenios de carreteras entre el Gobierno de Canarias y el Estado, así como una mención honorífica de la Asociación Española de la Carretera.

Era muy apreciado por sus cualidades humanas y profesionales y contaba con el respeto de todos los que le conocieron, tal como manifestaron hoy su familia de sangre y la de su mundo profesional.

Su hijo, Julio Molo, inició sus palabras como lo hacía su “espectacular padre, con agradecimientos”, antes de relatar su faceta más desconocida para los presentes, la de “médico de familia, mágico farmacéutico, guía espiritual y profesor”, gracias a su maravillosa mente. La impronta de la medicina no era una cuestión meramente familiar, ya que eran muchas las anécdotas en las que comparaba la circulación viaria con la de la sangre, recordó.

Sin embargo, de sus múltiples inauguraciones, la que más marcó al ingeniero fue la que protagonizó un taxista que de forma espontánea paró su coche para abalanzarse en un gran agradecimiento porque ahora podía llegar una hora antes a su casa y estar una hora más con su familia, pues ello representaba la repercusión que tenía su trabajo en la sociedad.

Deportista, melómano y amante del mar que “grabó en los ojos” de sus once hijos, su descendiente no quiso privar a los asistentes de una de sus frases más recurrentes. “Prefiero que me engañen mil veces a dejar a una persona sin ayudar”, tras lo cual, junto a la viuda del ingeniero, María del Carmen Amorós, su nieto y diversas autoridades descubrió la placa que le recordará en el singular puente del Rincón.

Antonio Morales destacó asimismo la extraordinaria profesionalidad en un momento en el que tanto se cuestiona a los gestores públicos por considerarlo exponente del servicio a los demás, aunque más allá de su profesión, era “un ingeniero profundamente humanista” y recordó que sus reuniones para impulsar los anillos del Sureste siempre acabaron en un abrazo y conversaciones sobre la familia y la cultura, trato por el que le estará “eternamente agradecido”.

Se emocionaba en su intervención el decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Las Palmas, José María Hernández, y María Teresa Cabrera, quien habló en representación de los que lo conocieron en el Gobierno canario, cuya consejera de Obras Públicas, Ornella Chacón, manifestó su orgullo por tomar el testigo de su gran labor en Canarias.

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